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Los primeros mimos

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 Los primeros días en que el recién nacido se incorpora al entorno familiar están muy completos de emociones. Se viven instantes demasiados intensos ya desde el nacimiento. En esta etapa se establece una relación y comunicación especial entre el pequeño y su mamá. Luego, ya instalado el niño en el núcleo familiar será necesario atender algunos aspectos que lo ayudarán a un pleno desarrollo.

En el transcurso del embarazo y sobretodo hacia la culminación del mismo, se origina en la mamá un estado de alta sensibilidad que continúa hasta algunos días después del nacimiento. Este estado se pone de manifiesto de varias maneras: la mamá está algo retraída, presta muy poca atención al mundo exterior; pero desarrolla una gran sensibilidad a través de la cual se comunica con su bebé.

En las primeras horas de vida, el pequeño lo que percibe son las técnicas de los cuidados de su mamá, la manera de mirarlo, sus olores y su calor. Además de todo lo señalado, el pequeño necesita que su mamá esté mucho tiempo junto a él. El bebé no puede existir sólo, sino que tiene que conformar una parte esencial de esa relación con su mamá. Ella ofrece todos los cuidados primordiales del pequeño: abrigo, alimentación y limpieza. Estos procesos son aplicados también en el aprendizaje, en los conocimientos por medio de las sensaciones de todos sus movimientos.

A medida que el pequeño va creciendo, se expresará adoptando acciones por su propia cuenta y voluntad, o sea que tomará las iniciativas de salir a buscar lo que necesite. Estas acciones que el pequeño comienza precisan de una mínima de organización. La acción es la que promueve las vivencias y éstas al tornarse repetitivas se transforman en gratas experiencias.