Educación

La evolución de la motricidad

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 En el transcurso del primer año de vida, el pequeño desarrolla con sorprendente velocidad las capacidades perceptivas y también las habilidades motrices. En un lapso de tiempo demasiado corto, solo en un año, aquel bebe que movía sin ninguna coordinación pies, manos y ojos en su cuna, y que ni siquiera era capaz de mantener su propia cabeza en forma erguida, podrá coordinar los sentidos con el cerebro y músculos para transformar los reflejos innatos en actos totalmente voluntarios.

Tendrá ahora la facultad de desplazarse hacia determinado objeto o juguete, agarrarlo y soltarlo a su voluntad, podrá mantenerse sentado, arrastrarse, gatear y finalmente podrá andar. El desarrollo de las habilidades motrices no puede separarse de la evolución sicológica del pequeño, de la cual es causa y efecto al mismo tiempo. Todas las características mentales que tiene el pequeño son permanentemente revisadas en función de los progresivos dominios que va logrando en todo su ambiente.

Todo niño al nacer, se encuentra acostado de espaldas frente a una inmensa pantalla en la que aparecerán y desaparecerán continuamente diversos objetos y figuras. Así es su primer mundo y lo percibirá de forma algo imperfecta dado que sus sentidos aún están muy poco desarrollados. Los adelantos motrices del primer año van a permitir que pueda desplazarse de su cuna y distinguir un nuevo mundo conformado por tres dimensiones y no sólo por dos. Se confiará en andar por él y transformarse en el principal protagonista de los sucesos de su propia vida.

El desarrollo de la motricidad en los pequeños, va de forma paralela con la evolución sicológica y ocupa conjuntamente con el desarrollo de tipo afectivo, un sitio privilegiado para comprender con mayor precisión su estado general en este primer año de vida.