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Hijos con alas

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Todos los padres, como parte de la educación, inculcamos en nuestros hijos el impulso motivador que necesitan para formarse, crecer y progresar. No podemos asegurarles el éxito, pero si alimentar la confianza en sí mismos, coraje e iniciativa para alcanzar los objetivos que se propongan y llegado el momento indicado, poder independizarse.

Pero, ¿qué les ocurre a los padres cuando los hijos abandonan el nido?, ya sea para ir a estudiar, vivir solos o casarse, ¿qué implicancias tiene para la pareja el volver a encontrarse nuevamente dos, cara a cara, luego de tantos años?

Probablemente comenzará una sensación de vacío, de soledad, quedando tiempos y espacios a llenar. La partida de los hijos de la casa paterna es un acontecimiento cargado de significaciones.

En cada familia estos procesos se despliegan de distintas maneras. Pero hay ciertas constantes que vienen marcadas desde lo social y nos permiten intentar generalizaciones para reflexionar y comprender un poco más. Lo habitual es que en esta situación se vea más afectada la mujer que el hombre, dado que la subjetividad masculina está construida sobre otros valores. No es que para él este cambio carezca de significado, sino que el hombre mantiene una vida más activa fuera del hogar, que no se verá modificada radicalmente. La madre puede llegar a sentir un vacío en su identidad, más aún si no ha construido otros espacios de desarrollo personal.

El “Síndrome del Nido Vacío” refleja la gran crisis y desazón que ocurre en algunas mujeres cuando los hijos deciden tomar vuelo propio y dejar el nido. Si la única razón de existir han sido los hijos y las tareas relacionadas con la familia, puede llegar a sentirse desempleada, que es inútil e innecesaria para los demás, y en casos extremos puede tratar de retener a los hijos a cualquier precio, bloqueando sus autonomías y desarrollos personales.

Por supuesto que no a todas les sucede lo mismo, algunas pueden estar encantadas por disponer de mayor libertad y tiempo para sí mismas, para reencontrarse con sus parejas, e iniciar una  nueva etapa de sus vidas.

Según los psicoterapeutas, la forma de reaccionar ante estos cambios depende de muchos factores, como son la conformación psíquica y de personalidad de cada una, la capacidad de adaptación y de elaboración de las pérdidas, el estado de salud, la situación laboral y el estado civil, porque es posible que sea mucho más difícil para la mujer que está sola. Lo fundamental es ver cuales son los recursos subjetivos con los que se cuenta para aceptar los cambios, adaptarse activamente a las nuevas situaciones y recrear proyectos de vida.

Dice Françoise Doltó:
“Cuando se es pequeño hay una necesidad vital de admirar a los padres para poder crecer. Se los adorna con todas las cualidades, incluidas aquellas que no tienen, a tal punto que se llega a imaginar que verdaderamente las poseen. El niño abre a sus padres un inmenso Crédito de amor y sin saberlo, viven con ese crédito gracias a esos pequeños que dependen de ellos. Al volverse adolescentes el crédito corre el riesgo de agotarse, si no se lo renueva”.

convengamos en que es necesario evolucionar hacia una relación con el hijo adulto, no tratar de retenerlo. En algunos casos la partida del hogar se realiza en forma armónica, pero puede suceder lo contrario, donde los procesos de autonomía y emancipación sean muy conflictivos y dolorosos, sin advertir cuánto se pierde al intentar retenerlos, por  sobre-protección materna, y que dejarlos partir es la mejor manera de continuar el vínculo.

Muchas madres caen en el juego de creer que lo que ellas piensan es lo mejor para los hijos, esto parece más fácil que empezar a verse una misma, ver que pasó con los sueños y proyectos de su juventud. Las capacidades, logros y fracasos de nuestros adolescentes nos enfrentan a evaluar los propios logros y fracasos, aciertos y equivocaciones, y a darnos cuenta de que a esta edad ya no tenemos todo el tiempo por delante.

Estos cambios estructurales en la familia ocurren cuando la mujer se encuentra en la mitad de la vida, y esta es otra crisis evolutiva, es un cambio natural y decisivo en el curso de un proceso, en el cual se atraviesan desorganizaciones y reorganizaciones bio-psico-sociales. Existe una gran cantidad de opciones para las mujeres que deseen interactuar con otras personas, ya sea desde gustos postergados a una carrera o un emprendimiento laboral o cultural.

Como dice la canción de Serrat: Nos empeñamos en dirigir sus vidas/ Sin saber el oficio y sin vocación/ Les vamos transmitiendo nuestras frustraciones/ Con la leche templada y en cada canción/ Nada ni nadie puede impedir que sufran/ Que las agujas avancen en el reloj/ Que decidan por ellos, que se equivoquen / Que crezcan y un día / Nos digan adiós.

Lo mejor que podemos hacer por nuestros hijos es enseñarles a volar.