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El miedo a la oscuridad (II)

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Hablábamos ayer sobre el miedo a la oscuridad y la etapa de desarrollo de nuestros hijos en que este temor se presenta: entre los 3 y 9 años.

Cuando un niño de 3 a 6 años presenta síntomas de temor, como por ejemplo no querer dormir con la luz apagada o negarse a ir a buscar algo a un sitio donde no hay suficiente luz, lo más normal es que todo sea producto de su imaginación, la cual se encuentra en pleno desarrollo y generalmente minada de “monstruos y fantasmas” salidos de los cuentos y aventuras que conocen a través de libros o programas de televisión. Una gran ayuda para librar esta batalla a esa edad es recurrir a historias donde los niños enfrentan a sus “monstruos” y salen victoriosos gracias a descubrir que no son tales, sino más bien personajes amigables y graciosos.

En niños de 7 a 9 años los pasos a seguir son diferentes, ya que con ellos podremos sentarnos a conversar para ver qué episodio desencadenó ese temor, lo clásico es encontrarnos con que alguna película lo ha asustado o algún relato que escuchó entre sus amigos del colegio. Aunque nunca se descarta una situación dentro del núcleo familiar que pueda estar causando esta perturbación. Encausarlo en rutinas alegres y armoniosas antes de la noche será una gran ayuda, ya que los tranquilizará y les dará la seguridad que necesitan para descansar.

Pero, como comentábamos ayer, en casos en que estos temores asalten repentinamente a niños mayores de 9 años lo mejor será una conversación profunda para descubrir que es lo que ha generado este trastorno en su conducta. En muchos casos los padres no saben cómo resolver este tipo de situaciones por lo que aconsejamos consultar con un especialista que pueda orientarlos en la forma de conducirse con su hijo, cómo encarar las conversaciones y cómo guiarlo por el camino de la seguridad y la independencia.

Esperamos haber sido de ayuda si acaso estás atravesando una situación similar a esta.