Embarazo

El bebé ya los escucha – Mes 6

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El sexto mes de vida intrauterina muestra la culminación final del desarrollo de los oídos, tu niño/a es sensible a los sonidos generados fuera del útero y a veces puede reaccionar frente a sonidos muy fuertes. La cóclea, en el oido interno, es necesaria para que el peque pueda procesar los sonidos, que ya tiene su forma determinada; el resto de este mes comienza a prepararse para su definitiva forma de un ser independiente.

Reconoce tu voz y la de su papá, ante los estímulos externos suele responder; pues bien, entonces pueden sentarse junto a la panza para hablarle, compartir música (notarán que se mueve ante determinadas melodías y ante otras no tanto) y lo estupendo es que puede oír: su latido de su propio corazón y el hipo. El funcionamiento de este sentido de manera correcta, es un factor condicionante para el equilibrio corporal y sus posturas; ya que el oído interno cuenta con un fluido que envía impulsos nerviosos al cerebro sobre la misma.

Sus párpados comienzan a despegarse y sus ojos ya se abren, en las ecografías notarás: las líneas de los dedos de las manos y de los pies; tu hijo/a ya mide unos 31 cms y pesa unos 900 gramos aproximadamente. En este mes se calcula que puede producir unos cincuenta movimientos por hora, sus patadas visibles y notorias, ya se pueden advertir en la parte superior del vientre, en la inferior y en los laterales.

Sobre la semana 25 desarrolló cuatro de los cinco sentidos: el oído, el olfato, el tacto y el gusto y ya está formado. Los órganos vitales han madurado, excepto los pulmones que no estarán perfectamente listos para funcionar correctamente hasta el siguiente mes; también se desarrolla el paladar y las uñas empiezan a crecer. Su piel está arrugada y rojiza debido a que los capilares se transparentan, duerme entre 18 y 20 horas, pero cuando está despierto (aún tiene los ojos cerrados) tiene mucha actividad.

Al final de este periodo se han formado las papilas gustativas, es entonces cuando al llevarse los dedos a la boca, es capaz de distinguir el sabor dulce del líquido amniótico y otros sabores que le llegan a través de lo que come su madre; y distingue aquellos que le agradan y cuales no. Las células cerebrales que utilizará para el pensamiento consciente comienzan a madurar, se cree que ya es capaz de aprender y recordar.