Juegos

Aprender a jugar solos

jugar solos

Los pequeños siempre están rodeados de adultos. Desde su nacimiento, los niños se acostumbran a que le propongan actividades y a tener siempre otra persona a su lado para jugar con ellos. Y en la escuela ocurre lo mismo, se organizan continuamente actividades para los alumnos. 

Entonces ocurre algo que a veces les puede paralizar: llegan a casa y les cuesta jugar solos. Los peques no están acostumbrados a quedarse en sus cuartos ni a explorar por sí mismos sus juguetes. Hay que intentar no estar demasiado encima de ellos, diciéndoles todo el rato lo que tienen que hacer: pinta, colorea, juega con la casita… Es necesario y positivo que los niños se desprendan un poco de la seguridad que les dan sus padres, para explorar el mundo exterior y tener un poco de autonomía.

Confiar en las capacidades de los pequeños

Con tres años los niños ya son capaces de jugar solos y pueden soportar un cierto grado de soledad. Es el momento en que se va a desplegar todo su mundo imaginario. Los pequeños pueden pasar horas y horas hablando con sus muñecos e inventando todo tipo de historias. Y no necesitan hacerlo con nadie, ellos mismos se encargan. Los padres tienen que convencerse de que así es, y mostrar su orgullo cuando ven que son capaces de hacer cosas sin la vigilancia parental continua. Cómo pueden creer en si mismos.

Jugar solo pero al lado de alguien

Es el primer paso: hacerle entender a los pequeños que se puede estar uno al lado del otro haciendo cosas distintas. La presencia del adulto le dará confianza mientras construye sus figuras o pinta sus historietas. La proximidad es lo más importante, y así los padres también encuentran el momento para hacer sus propias cosas.

Jugar solo en su habitación

Cuando estamos seguros que no hay ningún peligro en la habitación del pequeño, es el momento de explicarle que los niños grandes son capaces de quedarse un rato solos sin ningún adulto. Podéis construir juntos su rincón de los juegos, con todo lo necesario para pasar grandes momentos. Si se deja la puerta abierta él oirá el ruido de la casa y, a la vez, los padres pueden ir echando un vistazo.