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10 cosas que debes saber sobre los primeros pasos (VII)

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Veamos ahora, otro de los aspectos que más dificultades le presenta a nuestros peques una vez superadas las primeras etapas del proceso de caminar solitos. Ya han pasado del gateo a la postura en dos pies, han conseguido mantener el equilibrio, dan sus primeros pasos con ayuda y sin ella, y de pronto… ¡otro reto se le presenta! Y esta vez sí que se pone difícil la situación.

- Detenerse es una dura faena

Una vez que han conseguido ponerse en marcha pareciera que todo es cuestión de acelerar y avanzar sin temores, cada paso que nuestro peque da toma mayor fuerza y velocidad; esto se debe a que por su condición de principiante en el arte de caminar, nuestro hijo no dobla las rodillas, con lo que sus movimientos se resumen a: talón-dedos del pie-talón.

Llegado el momento en que la marcha se torna demasiado vertiginosa y se ven en la imperiosa necesidad de detenerse sucede lo inexplicable para ellos: ¡no saben cómo hacerlo! Por lo tanto, su propia manera de parar es la caída.

Como papás debemos estar preparados para esta etapa de pequeños golpes, y no asustarnos más de lo necesario. Una buena ayuda es estar a la mano para enseñarles que todo se simplifica si rompen el impulso que traen deteniendo uno de los pies y llevando el otro a su encuentro; claro que esto suena sencillo para nosotros, que por otro lado nuestros buenos golpes nos hemos dado cuando teníamos su edad. ;)